lunes, 8 de junio de 2009

POR QUÉ LEER A LOS CLÁSICOS

Italo Calvino

Por qué leer los clásicos, Barcelona, Tusquets (Marginales, 122), 1993
Empecemos proponiendo algunas definiciones.
I. Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir: «Estoy
releyendo...» y nunca «Estoy leyendo ...».
Es lo que ocurre por lo menos entre esas personas que se supone «de
vastas lecturas»; no vale para la juventud, edad en la que el encuentro
con el mundo, y con los clásicos como parte del mundo, vale
exactamente como primer encuentro.
El prefijo iterativo delante del verbo «leer» puede ser una pequeña
hipocresía de todos los que se avergüenzan de admitir que no han leído
un libro famoso. Para tranquilizarlos bastará señalar que por vastas
que puedan ser las lecturas «de formación» de un individuo, siempre
queda un número enorme de obras fundamentales que uno no ha leído.
Quien haya leído todo Heródoto y todo Tucídides que levante la mano.
¿Y Saint-Simon? ¿Y el cardenal de Retz? Pero los grandes ciclos
novelescos del siglo XIX son también más nombrados que leídos. En
Francia se empieza a leer a Balzac en la escuela, y por la cantidad de
ediciones en circulación se diría que se sigue leyendo después, pero en
Italia, si se hiciera un sondeo, me temo que Balzac ocuparía los últimos
lugares. Los apasionados de Dickens en Italia son una minoría
reducida de personas que cuando se encuentran empiezan en seguida a
recordar personajes y episodios como si se tratara de gentes conocidas.
Hace unos años Michel Butor, que enseñaba en Estados Unidos,
cansado de que le preguntaran por Emile Zola, a quien nunca había
leído, se decidió a leer todo el ciclo de los Rougon-Macquart. Descubrió
que era completamente diferente de lo que creía: una fabulosa
genealogía mitológica y cosmogónica que describió en un hermosísimo
ensayo.
Esto para decir que leer por primera vez un gran libro en la edad
madura es un placer extraordinario: diferente (pero no se puede decir
que sea mayor o menor) que el de haberlo leído en la juventud. La
juventud comunica a la lectura, como a cualquier otra experiencia, un
sabor particular y una particular importancia, mientras que en la
madurez se aprecian (deberían apreciarse) muchos detalles, niveles y
significados más. Podemos intentar ahora esta otra definición:
II. Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha
leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se
reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para
saborearlos.
En realidad, las lecturas de juventud pueden ser poco provechosas por
impaciencia, distracción, inexperiencia en cuanto a las instrucciones de
uso, inexperiencia de la vida. Pueden ser (tal vez al mismo tiempo)
formativas en el sentido de que dan una forma a la experiencia futura,
proporcionando modelos, contenidos, términos de comparación,
esquemas de clasificación, escalas de valores, paradigmas de belleza:
cosas todas ellas que siguen actuando, aunque del libro leído en la
juventud poco o nada se recuerde. Al releerlo en la edad madura,
sucede que vuelven a encontrarse esas constantes que ahora forman
parte de nuestros mecanismos internos y cuyo origen habíamos
olvidado. Hay en la obra una fuerza especial que consigue hacerse
olvidar como tal, pero que deja su simiente. La definición que podemos
dar será entonces:
III. Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando
se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la
memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.
Por eso en la vida adulta debería haber un tiempo dedicado a repetir las
lecturas más importantes de la juventud. Si los libros siguen siendo los
mismos (aunque también ellos cambian a la luz de una perspectiva
histórica que se ha transformado), sin duda nosotros hemos cambiado
y el encuentro es un acontecimiento totalmente nuevo.
Por lo tanto, que se use el verbo «leer» o el verbo «releer» no tiene mucha
importancia. En realidad podríamos decir:
IV. Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la
primera.
V. Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura.
La definición 4 puede considerarse corolario de ésta:
VI. Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.
Mientras, que la definición 5 remite a una formulación más explicativa,
como:
VII. Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de
las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han
dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más
sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres).
Esto vale tanto para los clásicos antiguos como para los modernos. Si
leo la Odisea leo el texto de Homero, pero no puedo olvidar todo lo que
las aventuras de Ulises han llegado a significar a través de los siglos, y
no puedo dejar de preguntarme si esos significados estaban implícitos
en el texto o si son incrustaciones o deformaciones o dilataciones.
Leyendo a Kafka no puedo menos que comprobar o rechazar la
legitimidad del adjetivo «kafkiano» que escuchamos cada cuarto de hora
aplicado a tuertas o a derechas. Si leo Padres e hijos de Turguéniev o
Demonios de Dostoyevski, no puedo menos que pensar cómo esos
personajes han seguido reencarnándose hasta nuestros días.
La lectura de un clásico debe depararnos cierta sorpresa en relación
con la imagen que de él teníamos. Por eso nunca se recomendará
bastante la lectura directa de los textos originales evitando en lo posible
bibliografía crítica, comentarios, interpretaciones. La escuela y la
universidad deberían servir para hacernos entender que ningún libro
que hable de un libro dice más que el libro en cuestión; en cambio
hacen todo lo posible para que se crea lo contrario. Por una inversión
de valores muy difundida, la introducción, el aparato crítico, la
bibliografía hacen las veces de una cortina de humo para esconder lo
que el texto tiene que decir y que sólo puede decir si se lo deja hablar
sin intermediarios que pretendan saber más que él. Podemos concluir
que:
VIII. Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos
críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.
El clásico no nos enseña necesariamente algo que no sabíamos; a veces
descubrimos en él algo que siempre habíamos sabido (o creído saber)
pero no sabíamos. que él había sido el primero en decirlo (o se relaciona
con él de una manera especial). Y ésta es también una sorpresa que da
mucha satisfacción, como la da siempre el descubrimiento de un
origen, de una relación, de una pertenencia. De todo esto podríamos
hacer derivar una definición del tipo siguiente:
IX. Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto
más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.
Naturalmente, esto ocurre cuando un clásico funciona como tal, esto
es, cuando establece una relación personal con quien lo lee. Si no salta
la chispa, no hay nada que hacer: no se leen los clásicos por deber o
por respeto, sino sólo por amor. Salvo en la escuela: la escuela debe
hacerte conocer bien o mal cierto número de clásicos entre los cuales (o
con referencia a los cuales) podrás reconocer después «tus» clásicos. La
escuela está obligada a darte instrumentos para efectuar una elección;
pero las elecciones que cuentan son las que ocurren fuera o después de
cualquier escuela.
Sólo en las lecturas desinteresadas puede suceder que te tropieces con
el libro que llegará a ser tu libro. Conozco a un excelente historiador del
arte. Hombre de vastísimas lecturas, que entre todos los libros ha
concentrado su predilección más honda en Las aventuras de Pickwick,
y con cualquier pretexto cita frases del libro de Dickens, y cada hecho
de la vida lo asocia con episodios Pickwickianos. Poco a poco él mismo,
el universo, la verdadera filosofía han adoptado la forma de Las
aventuras de Pickwick en una identificación absoluta. Llegamos por
este camino a una idea de clásico muy alta y exigente:
X. Llámase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a
semejanza de los antiguos talismanes.
Con esta definición nos acercamos a la idea del libro total, como lo
soñaba Mallarmé.
Pero un clásico puede establecer una relación igualmente fuerte de
oposición, de antítesis. Todo lo que Jean-Jacques Rousseau piensa y
hace me interesa mucho, pero todo me inspira un deseo incoercible de
contradecirlo, de criticarlo, de discutir con él. Incide en ello una
antipatía personal en el plano temperamental, pero en ese sentido me
bastaría con no leerlo, y en cambio no puedo menos que considerarlo
entre mis autores. Diré por tanto:
XI. Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para
definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.
Creo que no necesito justificarme si empleo el término «clásico» sin
hacer distingos de antigüedad, de estilo, de autoridad. Lo que para mí
distingue al clásico es tal vez sólo un efecto de resonancia que vale
tanto para una obra antigua como para una moderna pero ya ubicada
en una continuidad cultural. Podríamos decir:
XII. Un clásico es un libro que está antes que otros clásicos; pero quien haya
leído primero los otros y después lee aquél, reconoce en seguida su lugar en la
genealogía.
Al llegar a este punto no puedo seguir aplazando el problema decisivo
que es el de cómo relacionar la lectura de los clásicos con todas las
otras lecturas que no son de clásicos. Problema que va unido a
preguntas como: «Por qué leer los clásicos en vez de concentrarse en
lecturas que nos hagan entender más a fondo nuestro tiempo?» y
«¿Dónde encontrar el tiempo y la disponibilidad de la mente para leer
los clásicos, excedidos como estamos por el alud de papel impreso de la
actualidad?».
Claro que se puede imaginar una persona afortunada que dedique
exclusivamente el «tiempo-lectura» de sus días a leer a Lucrecio,
Luciano, Montaigne, Erasmo, Quevedo, Marlowe, el Discurso del
método, el Wilhelm Meister, Coleridge, Ruskin, Proust y Valéry, con
alguna divagación en dirección a Murasaki o las sagas islandesas. Todo
esto sin tener hacer reseñas de la última reedición, ni publicaciones
para unas oposiciones, ni trabajos editoriales con contrato de
vencimiento inminente. Para mantener su dieta sin ninguna
contaminación, esa afortunada persona tendría que abstenerse de leer
los periódicos, no dejarse tentar jamás por la última novela o la última
encuesta sociológica. Habría que ver hasta qué punto sería justo y
provechoso semejante rigorismo. La actualidad puede ser trivial y
mortificante, pero sin embargo es siempre el punto donde hemos de
situarnos para mirar hacia adelante o hacia atrás. Para poder leer los
libros clásicos hay que establecer desde dónde se los lee. De lo
contrario tanto el libro como el lector se pierden en una nube
intemporal. Así pues, el máximo «rendimiento» de la lectura de los
clásicos lo obtiene quien sabe alternarla con una sabia dosificación de
la lectura de actualidad. Y esto no presupone necesariamente una
equilibrada calma interior: puede ser también el fruto de un
nerviosismo impaciente, de una irritada insatisfacción. Tal vez el ideal
sería oír la actualidad como el rumor que nos llega por la ventana y nos
indica los atascos del tráfico y las perturbaciones meteorológicas,
mientras seguimos el discurrir de los clásicos, que suena claro y
articulado en la habilitación. Pero ya es mucho que para los más la
presencia de los clásicos se advierta como un retumbo lejano, fuera de
la habitación invadida tanto por la actualidad como por la televisión a
todo volumen. Añadamos por lo tanto:
XIII. Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a categoría de ruido de
fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.
XIV. Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la
actualidad más incompatible se impone.
Queda el hecho de que leer los clásicos parece estar en contradicción con
nuestro ritmo de vida, que no conoce los tiempos largos, la respiración del
otium humanístico, y también en contradicción con el eclecticismo de nuestra
cultura, que nunca sabría confeccionar un catálogo de los clásicos que
convenga a nuestra situación.
Estas eran las condiciones que se presentaron plenamente para Leopardi,
dada su vida en la casa paterna, el culto de la Antigüedad griega y latina y la
formidable biblioteca que le había legado el padre Monaldo, con el anexo de
toda la literatura italiana, más la francesa, con exclusión de las novelas y en
general de las novedades editoriales, relegadas al margen, en el mejor de los
casos, para confortación de su hermana («tu Stendhal», le escribía a Paolina).
Sus vivísimas curiosidades científicas e históricas, Giacomo las satisfacía
también con textos que nunca eran demasiado up to date: las costumbres de
los pájaros en Buffon, las momias de Frederick Ruysch en Fontenelle, el viaje
de Colón en Robertson.
Hoy una educación clásica como la del joven Leopardi es impensable, y la
biblioteca del conde Monaldo, sobre todo, ha estallado. Los viejos títulos han
sido diezmados pero los novísimos se han multiplicado proliferando en todas
las literaturas y culturas modernas. No queda más que inventarse cada uno
una biblioteca ideal de sus clásicos; y yo diría que esa biblioteca debería
comprender por partes iguales los libros que hemos leído y que han contado
para nosotros y los libros que nos proponemos leer y presuponemos que van
a contar para nosotros. Dejando una sección vacía para las sorpresas, los
descubrimientos ocasionales.
Compruebo que Leopardi es el único nombre de la literatura italiana que he
citado. Efecto de la explosión de la biblioteca. Ahora debería reescribir todo el
artículo para que resultara bien claro que los clásicos sirven para entender
quiénes somos y adónde hemos llegado, y por eso los italianos son
indispensables justamente para confrontarlos con los extranjeros, y los
extranjeros son indispensables justamente para confrontarlos con los
italianos.
Después tendría que reescribirlo una vez más para que no se crea que los
clásicos se han de leer porque («sirven» para algo. La única razón que se
puede aducir es que leer los clásicos
Y si alguien objeta que no vale la pena tanto esfuerzo, citaré a Cioran (que no
es un clásico, al menos de momento, sino un pensador contemporáneo que
sólo ahora se empieza a traducir en Italia): «Mientras le preparaban la cicuta,
Sócrates aprendía un aria para flauta. "¿De qué te va a servir?", le
preguntaron. "Para saberla antes de morir"».

26 comentarios:

  1. 3- Un clásico es:
     Un libro el cual al leer en edades maduras, produce un placer extraordinario, diferente que el de haberlo leído en la juventud, ya que en esta etapa es poco provechosa por impaciencia, distracción, inexperiencia en cuanto a las instrucciones de uso, inexperiencia de la vida.
     Un libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidable, ya sea cundo se esconde en los pliegues de la memoria mimetizándose en el inconciente colectivo o individual.
    Esos libros que al leerlo deja huellas.
     Un libro en el cual en cada lectura es un descubrimiento como la primera, por eso podemos decir que un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene.
     Una obra que suscita un incesante polvillo de discurso critico, pero que la obra se sacude continuamente de encima.
     un libro que cuanto más cree uno conocerlo de leídas, mas nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.
     un libro que se configura como equivalente del universo a semejaza de los antiguos talismanes.
     Un libro que nos permite entender quienes somos y a donde hemos llegado.

    También hay un clásico que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con el, ese denomina tu clásico.
    La escuela debe hacer conocer bien o mal cierto número de clásicos, esta obligada a darte los instrumentos para efectuar una elección.

    4- Particularmente tengo que reconocer que no he realizado en mi experiencia como lector una basta lectura de clásicos, si e leído algunos comentarios o criticas hacia ellos.
    Después de la lectura de por que leer los clásicos, descubrí la importancia que tienen los mismos y estoy pensando en realizar una lectura consiente de ellos, para así poder encontrar mi clásicos.
    Además posteriormente poder decir que significo para mi realizarla lectura de un clásico, si fue una experiencia gratificante, sorprendente, que conclusiones saque de esa lectura o que huellas me dejo.

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  2. 3- Los clásicos son obras únicas, las que enorgullecen a los que las han leído alguna vez y averguenzan a los que nunca lo han hecho. A lo largo de la historia se puede ver como hasta figuras notables de diferentes ramas del arte han admitido no haberse dejado llevar nunca por el regocijo que implica la lectura de un clásico. Como lo haya expresado el célebre Sócrates ante la pregunta de para que quería aprender a tocar la flauta si ya estaba sentenciado: "Para saberla antes de morir", tal vez la lectura de una obra clásica de cualquier disciplina no ofrezca mayor atractivo para algunas personas, pero no se han dejado llevar siquiera por esa magia que expelen, ese imán que nos incita a leer y leer hasta saber el final. Lo leemos porque se genera un clima único,nos puede sacar por unos minutos de la rutina que no nos deja respirar, nos da un recreo, nos deja volar desde el sillón más cómodo de nuestra casa hacia mundos que otros ya han visitado antes, que ya han hecho suyos, y que no olvidarán jamás.
    La lectura de los clásicos puede ser más fructífera o no, depende en este caso de la edad del lector. Por ejemplo, la juventud puede abandonarse a la lectura como una tarea escolar o por simple curiosidad, o por algún comentario de sus pares. Implica el ritmo propio de esa etapa de la vida, esa vorágine de informaciones que no se pueden ordenar muy bien porque no hay tiempo, que se almacenan y algún día surgen ya organizadas en nuestra memoria.
    En cambio cuando uno lee un clásico ya adulto, saborea éste cual copa de buen vino, cual caricia de un ser querido, cual brisa de verano, cual sonrisa de un niño disfrutando de un juego. El placer es mucho mayor, se aprecia el sentimiento del que lo escribió, se puede detener uno a pensar y a refelxionar que le pasaba a ese genio en ese momento para poder escribir eso, si dimensionaba que estaría esparciendo con sus palabras el placer inexplicable a millones de personas.
    4- La lectura de cualquier obra implica para mí una sensación de libertad, de difrute únicas. Uno logra meterse en la historia como si fuera uno de sus personajes, se puede sentir identificado con alguno de ellos, puede vivienciar lo que les pasa por la cabeza ya desde el principio de la lectura.
    En el caso de los clásicos en particular recuerdo por ejemplo el inigualable "Don Quijote", con su compañero inseparable, errante por el mundo, sin prestar demasiada atención al entorno que los rodeaba a junto a su Sancho, viviendo sus experiencias con la magia de los que sueñan todos los días sin cesar. Confieso que esa lectura fue hace ya algunos años, pero siempre me atrapó el mundo de los libros como medio único para poder llegar a lugares desconocidos, misteriosos y llenos de sentimientos encontrados.
    Otro caso que puedo citar es el de "Romeo y Julieta", llevado además al cine por diferentes directores de todo el planeta. Esa historia cautiva por su dulzura, por su amor incondicional que los lleva a la muerte, que defienden a pesar de todo, que los hace luchar hasta el final. Estas historias, que se pueden ver aún,lamentablemente en menor número, nos hacen seguir creyendo que es posible el amar como expresión máxima de los sentimientos humanos, como entrega suprema al otro, como cumplimiento ineludible de los deseos divinos.
    Los clásicos poseen el encanto único de la vigencia, de estar siempre acorde a la época y la situación sin importar el mapa ni el día que marca el calendario. Poseen la universalidad, han sido leídos por personas de las más diversas razas, condiciones sociales, edades, y nos podemos sentir unidos a ellos a través de ese recorrido por sus páginas, podemos recorrer los mismos lugares sin conocernos ni tener idea de la existencia de uno u otro. Los clásicos universalizan el placer y brindan la posibilidad de unirnos a la humanidad con una simple lectura, sin medios electrónicos que nos esclavizan cada vez más.

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  3. Los clasicos son esos libros de los cuales se suele escuchar decir: estoy leyendo nuevamente y nunca estoy leyendo.
    Son esos libros que constituyen una gran importancia para el que los a leído, "son inolvidables". Aunque un libro se haya leído en la juventud, al volverlo a leer en la edad madura, descubrimos ideas nuevas; "Toda lectura de un clásico es un lectura de descubrimiento como la primera". Recordamos a medida que leemos ese libro que creíamos haber olvidado.
    Estos nos enriquecen, da gusto leerlos y a veces estos nos ayudan a corregir una idea personal que teníamos sobre una obra, y dejan huellas en la cultura actual ya que estos han atravezado otras epocas y otras lecturas han dejado su marca (clásicos antiguos). Es clásico lo que tiende a apartar la actuilidad a categoria de ruido de fondo, pero necesita de ella.
    Caresco de lectura de un clásico, porque no me gusta mucho leer y no me dedico un tiempo para la lectura.Eh leído libros de la biblioteca de mi localidad, no eran muy extensos pero me atraía leerlos, hacían volar mi imaginación, solía sentirme parte de la historia, y a veces me sentia identificada con alguno de sus personajes.
    Desde mi punto de vista leer un clásico es necesario porque nos ayuda a formar nuestro vocabulario, conocimiento, ideología.
    Y aún nos sorprende pensar que hay cosas que faltan descubrir sobre ellos.

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  4. 3. Las ideas fundamentales de ¿Por qué leer clásicos?

    • Los clásicos son libros de los cuales se suele decir estoy releyéndolo, ocurre esto en las personas de vastas lecturas, generalmente en personas maduras, no para la juventud ya que el encuentro con el mundo y los clásicos como parte de él son del primer encuentro. Leer un libro por primera vez la edad madura es un placer diferente que el haberlo leído en la juventud ya que en la madurez se aprecian más los detalles y significados y en la juventud se toma como cualquier otra experiencia.
    • Se llaman clásicos a los libros que constituyen una gran riqueza para quienes los ha leído y amado.
    • Las lecturas de juventud pueden ser poco provechosas por impaciencia, distracción e inexperiencia, pero al mismo tiempo pueden ser formativas en sentido de que pueden dar una forma de experiencia futura proporcionando modelos, contenidos.
    • Aunque del libro leído en la juventud poco nada se recuerde, al releerlo en la edad adulta se vuelven a encontrar las cosas que habíamos olvidado.
    • En la vida adulta debería haber un tiempo dedicado a repetir las lecturas más importantes de la juventud.
    • Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera. Toda lectura es en realidad una relectura.
    • Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.
    • La lectura de un clásico debe repararnos cierta sorpresa en relación con la imagen que de él teníamos.
    • Ningún libro que hable de un libro dice más que el libro en cuestión.
    • El clásico no nos enseña algo que necesariamente no sabíamos, a veces descubrimos en el algo que siempre habíamos sabido.
    • Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlo de oídas, tantos más nuevos, inesperados, inéditos resultan a leerlos de verdad, esto ocurre cuando un clásico funciona como tal, cuando establece una relación personal con quien lo lee.
    • Llámese clásico aun libro que se configura como equivalente del universo.
    • Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo.
    • Un clásico es un libro que esta antes de otros clásicos pero quien haya leído primero los otros y después lee aquel, reconoce en seguida su lugar en la genealogía.
    • La actualidad pude ser trivial y mortificante, pero sin embargo es siempre el punto donde hemos de situarnos para mirar hacia adelante o hacia atrás. Para poder leer los libros clásicos hay que establecer desde donde se lee. De lo contrario tanto el libro como el lector se pierde en una nube temporal.
    • Queda el hecho de que leer clásicos parece estar en contradicción con nuestro ritmo de vida, que no conoce los tiempos y que también en contradicción con la manera de obrar de nuestra cultura, que nunca había confeccionado un catalogo de los clásicos que convenga a nuestra situación.
    • Hoy una educación clásica es impensable, ya que los viejos títulos han sido diezmados pero los novísimos se han multiplicado en todas las literaturas y culturas modernas.
    • Los clásicos sirven para entender quiénes somos y a donde hemos llegado…
    4. Síntesis particular:
    Los clásicos en mi vida se presentan solamente como una propuesta obligatoria de la escolaridad realmente hoy solo recuerdo algunos títulos de ellos…como lo es “la nona”, “Martín Fierro” “El matadero”.leer gratifica a las personas lo se pero de verdad hacerlo por amor me cuesta muchísimo debido a mi tiempo pero realmente me encantaría poder hacerlo para interiorizarme al respecto, y disfrutar cada uno de ellos.

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  5. Ideas fundamentales:
    Los clásicos son esos libros de los cuales se suele decir: “estoy releyendo” y nunca “estoy leyendo”. Para la juventud, sin embargo el encuentro con los clásicos como parte del mundo, vale como un primer encuentro.
    Leer por primera vez un gran libro en la edad madura es un placer diferente que el de haberlo leído en la juventud. Esta última comunica un particular sabor e importancia, mientras que en la madurez se aprecian muchos detalles, niveles y significados más. Se denomina clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado o para quien se reserva de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.
    Las lecturas de la juventud pueden ser poco provechosas, ya sea por impaciencia o distracción, pero al mismo tiempo pueden ser también formativas (dan forma a la experiencia futura), proporcionando modelos, contenidos, cosas que siguen actuando aunque del libro leído poco o nada se recuerde. Ya maduros, al releerlo, se vuelven a encontrar constantes que forman parte de nuestro mecanismo interno, cuyo origen habíamos olvidado. Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular, aunque se esconden en el pliegue de la memoria.
    Leer o releer no tiene mucha importancia. Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera.
    Un clásico es una obra que suscita discursos críticos. Estos libros solo se leen por amor, excepto en la escuela, donde se trabajan un cierto número de clásicos, entre los cuales podrás reconocer “tus” clásicos. Un clásico puede establecer una relación de oposición, de antítesis. Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación o en contra de el.
    El clásico vale tanto para una obra antigua como moderna, pero ya ubicada en una continuidad cultural. Quien lee un clásico reconoce enseguida su lugar en la genealogía. El máximo rendimiento de lectura de clásicos lo obtiene quien sabe alternarla con una dosis de lectura de la actualidad. Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido.
    LOS CLASICOS SIRVEN PARA SABER QUIENES SOMOS Y A DONDE HEMOS LLEGADO.
    Síntesis particular:
    ¿Por qué leer a los clásicos?
    Porque son libros modelos que se transmiten de generación en generación y ayudan a entender la historia argentina del mundo. Desde mi experiencia leí clásicos en mi recorrido por la escuela secundaria, los he trabajado no por amor (como se debería), sino por deber y respeto. Algunos de ellos fueron: “La nona”, “El matadero”, “El Martin Fierro”, “Vigilar y castigar”, “Mi hijo el dotor”, entre otros. Reconozco que la lectura de dichas obras resulto poco provechosa, tal vez por inexperiencia o distracción, pero sin embargo, destaco que me proporcionaron contenidos que puedo poner en práctica gracias a la lectura de esos clásicos impuestos en la institución escolar. Es por eso que veo importante la posibilidad de releer esos libros, transformándolos en nuevas interpretaciones, para poder apreciar detalles, modelos, conceptos y conocimientos innovadores.

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  6. hola anita no se que pasa pero el comemtario sobre clasicos no lo puedo hacer en el blog.
    mercedes sanchez. primaria

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  7. Síntesis de ideas fundamentales:
    Los clásicos son libros de los cuales se dice: “estoy releyendo” y nunca “estoy leyendo”. Para la juventud el encuentro con los clásicos como parte del mundo vale como un primer encuentro.
    Leer por primera vez un gran libro en la edad madura es un placer diferente que el de haberlo leído en la juventud. Esta última comunica un particular sabor e importancia, mientras que en la madurez se aprecian muchos detalles, niveles y significados más. Se denomina clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado o para quien se reserva de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.
    Las lecturas de la juventud pueden ser poco provechosas, ya sea por impaciencia o distracción, pero al mismo tiempo pueden ser también formativas (dan forma a la experiencia futura), proporcionando modelos, contenidos, cosas que siguen actuando aunque del libro leído poco o nada se recuerde. Ya maduros, al releerlo, se vuelven a encontrar constantes que forman parte de nuestro mecanismo interno, cuyo origen habíamos olvidado. Los clásicos son libros que influyen particularmente y que se esconden en el pliegue de la memoria. Por ello en la vida adulta debería haber un tiempo dedicado a repetir las lecturas más importantes de la juventud. Si los libros siguen siendo los mismos, nosotros hemos cambiado y el encuentro es un acontecimiento totalmente nuevo.
    Leer o releer no es importante en este sentido, ya que toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera.
    Un clásico es una obra que suscita discursos críticos. Estos libros solo se leen por amor, excepto en la escuela, donde se trabajan un cierto número de clásicos, entre los cuales podrás reconocer “tus” clásicos. Un clásico puede establecer una relación de oposición, de antítesis. Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación o en contra de el.
    El clásico vale tanto para una obra antigua como moderna, pero ya ubicada en una continuidad cultural. Quien lee un clásico reconoce enseguida su lugar en la genealogía. El máximo rendimiento de lectura de clásicos lo obtiene quien sabe alternarla con una dosis de lectura de la actualidad. Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido.
    LOS CLASICOS SIRVEN PARA SABER QUIENES SOMOS Y A DONDE HEMOS LLEGADO.

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  8. Síntesis particular:
    ¿Por qué leer a los clásicos?
    Desde mi punto de vista personal y por experiencia propia considero que la lectura de los clásicos es una fuente valiosísima de saber con vigencia actual y a perpetuidad. Pienso que los clásicos son lecturas que se leyeron, se leen y se leerán por los siglos de los siglos; y que siempre estarán “de moda” ya que desde hace tiempos impensables, brillantes cerebros nos dieron la premisa de muchos hechos que actualmente podemos observar. Grandes genios como Platón, Sócrates, Aristóteles, Sófocles, etc. que vivieron antes de Cristo, desde el momento en que escribieron sus obras estaban imprimiendo sus huellas (clásicas) en el mundo entero.
    En mi transcurso por la escuela secundaria me ha tocado la tarea de leer grandes clásicos nacionales e internacionales como: “El matadero” de Esteban Echeverría, “El poema del Mio Cid “de autor anónimo , “El Martin Fierro” de José Hernández, “El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la mancha” de Miguel de Cervantes Saavedra, “Rebelión en la granja” de George Orwell, “Sherlocks Holmes” de Arthur Conan Doyle, “El escarabajo de oro” de Edgard Alan Poe, “Oliver Twist” de Charles Dickens, entre muchos otros. En mi carrera terciaria, como futura docente, estoy leyendo a renombrados clásicos de psicología, sociología, pedagogía, etc. algunos de ellos son August Comte, Emile Durkheim, Max Weber, Sigmund Freud, Lacan, Winnicott, Foucault, etc.
    Leer clásicos en mi vida me resultó una tarea gratificante, placentera y muy enriquecedora en lo que concierne a mis expectativas como futura transmisora de conocimientos.
    Lo que mas me atrae al momento de realizar una lectura de clásicos es el hecho de mi capacidad de asombro frente a obras antiquísimas que hoy día tienen impacto y presencia.

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  9. 3) Los libros clásicos:

    • Constituyen una riqueza, tanto como para quienes lo han leído y amado, como para quienes se reservan la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.

    • Ejercen una influencia particular, ya sea cuando se imponen por inolvidables o cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.

    • Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera.

    • Son libros que nunca terminan de decir lo que tienen que decir.

    • Son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres)

    • La lectura de un clásico debe depararnos cierta sorpresa en relación con la imagen que de él teníamos.

    • Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.

    • Un clásico no nos enseña necesariamente algo que no sabíamos; a veces descubrimos en él algo que siempre habíamos sabido (o creído saber) pero no sabíamos.

    • Son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.

    • No se leen por deber o por respeto, sino sólo por amor.

    • Un clásico es un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes.

    • Un clásico puede establecer una relación igualmente fuerte de
    oposición, de antítesis.

    • Para poder leer un clásico hay que establecer desde dónde se lo lee. De lo contrario tanto el libro como el lector se pierden en una nube intemporal.

    • El máximo «rendimiento» de la lectura de los clásicos lo obtiene quien sabe alternarla con una sabia dosificación de la lectura de actualidad.

    • Sirven para entender quiénes somos y adónde hemos llegado.

    4) En lo personal, leer me gusta mucho, pero debo reconocer que no he leído muchos clásicos. La lectura del texto de los clásicos, ha despertado en mi, mucha curiosidad y ganas de leer uno de ellos; ya que sostengo que el solo hecho de leer nos sirve, nos enriquece y nos deja una enseñanza.
    Al igual que el autor, considero que la escuela debe hacerle conocer a sus alumnos, un cierto número de clásicos entre los cuales ellos puedan reconocer sus propios clásicos.

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  10. 3)
    *Se llaman clásicos a aquellos libros de los cuales se suele oír decir: "Estoy releyendo" y nunca "Estoy leyendo".

    *Los clásicos son esos libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen también una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones.

    *Son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, cuando se esconden en los pliegues de la memoria.

    *Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.

    *Son esos libros que nos traen impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de si la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado.

    *Un clásico es una obra que causa un incsante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.

    *Sellama clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes.

    *Clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.

    *Es un libro que está antes de otros clásicos., quien haya leído primero los otros y después lee aquél, reconoce en seguida su lugar en la genealogía.

    *Es clásico lo uqe tiende a relegar la actualidad a categoria de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.

    *Clásico es lo que persiste como ruido de fondo incluso donde la actualidad más incompatible se impone.

    *Leer por primera vez un libro en la edad madura es un placer extraordinario, diferente que el de haberlo leído en la juventud. La juventud comunica a la lectura, como a cualquier otra experiencia. Las lecturas de juventud pueden ser poco provechosas por impaciencia, distracción, etc.
    Aunque del libro leído en la juventud poco o nada se recuerde, al releerlo en la edad madura, vuelven a encontrarse esas constantes que ahora forman parte de nuestros macanismos internos y cuyo orígen habíamos olvidado. En la vida adulta debería haber un tiempo dedicado a repetir las lecturas importantes de la juventud.
    Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera, debe depararnos cierta sorpresa en relación con la imágen que de él teníamos.
    Los clásicos no nos enseñan algo que no sabíamos, a veces descubrimos en él algo que siempre habíamos sabido. Para poder leer los libros clásicos hay que establecer desde dónde se los lee. De lo contrario tanto el libro como el lector se pierden en una nube intemporal.
    Leer los clásicos parece estar en contradicción con nuestro ritmo de vida y con nuestra cultura.
    Sirven para entender quiénes somos y adónde hemos llegado.

    4)
    Yo nunca tube la oportunidad de leer clásicos, pero creo que debe ser importante leerlos ya que son provechosos en las lecturas y por medio de ellos aprendemos cosas que aún no sabíamos, o descubrimos cosas que siempre sabíamos y no nos dábamos cuenta.
    Leyendo este informe de clásico me dejó una experiencia gratificante y enriquecedora para un mejor desempeño.

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  11. Los Clásicos- Italo Calvino

    ¿Qué son los clásicos?
     Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando
    se imponen por inolvidables, o ya sea cuando se esconden en los pliegues de la
    memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.
     Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha
    leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se
    reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para
    saborearlos.
     Son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de
    las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han
    dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado.
     Llamase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes. (Idea del libro total, como lo
    soñaba Mallarmé.)

    ¿Porque leer a los clásicos?
     Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la
    primera.
     No se leen los clásicos por deber o por respeto sino solo por amor.

     El clásico no nos enseña necesariamente algo que no sabíamos; a veces descubrimos en el algo que siempre habíamos sabido ( o creído saber) pero no sabíamos que el había sido el primero en decirlo.

    Jean-Jacques Rousseau piensa:
    Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para
    definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.
    Según Leopardi:
    Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a categoría de ruido de
    fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo. El hecho de que leer los clásicos parece estar en contradicción con
    nuestro ritmo de vida, que no conoce los tiempos largos, la respiración del
    otium humanístico, y también en contradicción con el eclecticismo de nuestra
    cultura, que nunca sabría confeccionar un catálogo de los clásicos que
    convenga a nuestra situación.
    Los clásicos sirven para entender quiénes somos y adónde hemos llegado

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  12. En lo que respecta a mi experiencia con los clásicos puedo decir que me resulta interesante dedicarle tiempo a este tipo de lectura porque sirven como un nuevo conocimiento que se suma a mi saber y logra enriquecer mis aprendizajes desde el punto de vista de la literarura. Me gustaria que todos puedan tener acceso a leer clasicos ya que es algo q a mi punto de vista nunca esta demas. Al volver a leer un clasico siempre nos sorprende con algo nuevo a pesar que lo leamos en distintas epocas y momentos de la vida. Con esto me refiero a que con el correr de los años podemos mirarlo desde otro punto de vista y entenderlo o llegar a una conclusion diferente de lo leido.Por ejemplo:no es lo mismo leer un cuento en la infancia que volver a leerlo en la adolescencia.

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  13. 3-Los clásicos:
    Se los llama a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado. Leer por primera vez un gran libro a edad madura es un placer extraordinario; a diferencia de que en la juventud se lee con inexperiencia, ya que nada se recuerda luego de haber leído.
    Los clásicos influyen particularmente en el inconsciente colectivo o individual, porque son inolvidables.
    Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera, en realidad toda lectura es relectura.
    Son libros que nos llegan trayendo impresa la huella de laslecturas que han precedido a la nuestra y tras de si la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado.
    El clásico no nos enseña algo que no sabemos: a veces descubrimos en el algo que siempre habíamos sabido.
    No se leen por respeto o por deber, sino sólo por amor.
    Puede servir para defirnirnos con el o para contrastar y diferenciar nuestras ideas y justificaciones.
    Para poder leer los clásicos hay que establecer desde dónde se los lee. De lo contrario tanto el libro como el lector se pierden en una nube interporal.
    Tiende a reflejar la actualidad a categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo. Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone.
    Leer los clásicos parece estar en contradicción con nuestro ritmo de vida.
    LOS CLÁSICOS SIRVEN PARA ENTENDER QUIENES SOMOS Y ADÓNDE HEMOS LLEGADO.

    4-Mi experiencia de las vivencias de algunos clásicos como "El principito" y "Romeo y Julieta" es el lindo recuerdo de haberlos leído y haber aprendido con ellos. Hechos relevantes de cada uno de los mismos han quedado guardados en mi memoria.
    Considero también que en las instituciones educativas (primario y secundario) deberían trabajarse más LOS CLÁSICOS. Para hacernos entender cosas que se verán reflejadas en el futuro de cada perona. Para que podamos comprender también el significado que tiene leer y leer en todas las edades.
    Noelí Selene Rodrigues.

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  14. 3)

    ºLos clásicos son esos libros de los cuales se suele decir "estoy releyendo" y nunca "estoy leyendo"

    ºSe llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituye una riqueza no menos para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez.
    En realidad, las lecturas de juventud pueden ser poco provechosas por impaciencia, distracción, inexperiencia, y al mismo tiempo formativos.
    Del libro leído en la juventud poco o nada se recuerda, al releerlo en la edad madura sucede que vuelvan a encontrarse ecos constantes que forman parte de nuestros mecanismos internos.

    ºLos clásicos son libros que ejercen una influencia particular, ya sea cuando se imponen por inolvidables o se esconden en los pliegues de la memoria.
    Por eso en la vida adulta deberia haber un tiempo dedicado a repetir las lecturas mas importantes de la juventud.

    ºToda relectura de un clásico es un lectura de descubrimiento como la primera.

    ºUn clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.

    ºTambién, es una obra que suscita un incesante polvillo de discurso críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.
    El clásico no nos enseña algo que no sabemos., a veces descubrimos en él algo que siempre habíamos sabido.

    ºTu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo.

    ºUn clásico es un libro que está antes que otros clásicos, pero quien halla leído primero los otros y despues lee aquel reconoce enseguida su lugar en la genealogía.

    ºEs clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatble se impone.

    4)Mi experiencia en relación con los clásicos es muy escasa ya que solo una vez tube la oportunidad de leer un clásico "Martin Fierro".
    Me gustaria leer un clásico ya que en aquel momento no lo pude aprobechar.
    Pienso que leer clásicos sera bueno pra mi futuro.

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  15. En primer lugar, porque leer instruye forma de cultura de cada persona y los clásicos, en particular, porqué son de fácil lectura y ayuda a los niños principalmente a ingresar al mundo de la lectura, ya que a muchos chicos les parece importante, que el no sea, el único que los lee en el aula o que otro miembro de la familia lo hayan leído. Hay que facilitar y apoyar los libros porque ellos dificilmente irán a comprarlos.
    Los clásicos son libros que constituyen una riqueza para quien los han leído. La lectura en la juventud, a veces, es poca provechosa, pero elmismo libro si se vuelve a leer en la adultez, con ideas más claras, la misma deja su cimiento y su enseñanza.
    Los clásicos son los libros que llegan a nuestras manos trayendo huellas de las lecturas anteriores. Habría que ver hasta que punto es provechoso o semejante.La actualidad puede ser trival y morificante,pero, sin embargo, es el punto donde hemos de situarnos para mirar hacia adelante o hacia atrás. Para poder leerlos hay que establecer desde donde se los lee.
    Los clásicos son libros que cuanto uno más cree conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados e ineditos, resultan al leerlos de verdad. Naturalmente esto ocurre cuando un clásico funciona como tal, esto es cuando una relación personal con qien lo lee.
    Si no salta la chispa no hay nada que hacer, es decir, no se leen los clásicos por deber o por respeto, sino sólo por amor. La escuela debe hacerte conocer ciertos números,de clásicos, entre los cuales podrás reconocer "tus" clásicos.
    Finalmente, los clásicos,son interesantes o al menos yo los considero así. La escuela me hizo conocer diversos clásicos y cuando los leí me gustaron y hasta nuestros días los recuerdo. Es cierto, también, que depende mucho de la edad que se tenga a la hora de leerlos o el tiempo, el humor o las ganas que uno le ponga a la hora de hacerlo ya que eso influye en la interpretación de los mismos. Hoy puedo decir que me gustaron y me gustan leer los clásicos.

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  16. 3)Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir: «Estoy
    releyendo...» y nunca «Estoy leyendo ...».
    Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha
    leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se
    reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para
    Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando
    se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la
    memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.
    Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.
    Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura.
    Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto
    más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.
    Naturalmente, esto ocurre cuando un clásico funciona como tal, esto
    es, cuando establece una relación personal con quien lo lee. Si no salta
    la chispa, no hay nada que hacer: no se leen los clásicos por deber o
    por respeto, sino sólo por amor. Salvo en la escuela: la escuela debe
    hacerte conocer bien o mal cierto número de clásicos entre los cuales (o
    con referencia a los cuales) podrás reconocer después «tus» clásicos. La
    escuela está obligada a darte instrumentos para efectuar una elección;
    pero las elecciones que cuentan son las que ocurren fuera o después de
    cualquier escuela.
    Llámase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a
    semejanza de los antiguos talismanes.
    Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para
    definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.
    Para poder leer los
    libros clásicos hay que establecer desde dónde se los lee. De lo
    contrario tanto el libro como el lector se pierden en una nube
    intemporal.
    4) no he leido clasicos completos, de hecho no creo haber leido ninguna parte de alguno de ellos.. aunque lo creo importante, tal vez interesante, siempre encuentro otras cosas que me llaman mas la atencion que leer un clasico. lo hago si es para algun trabajo (o sea obligacion). no considero que este bien lo que hago, al contrario deberia plantearme comenzar a leerlos para tener idea cuando se habla de algunos de elllos, no quedarme fuera, poder opinar, participar.

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